Un 8 de marzo, termómetro de la realidad
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Foto: Karla J. Escobar/MujeresNet
Es necesario y urgente detenerse a repensar las ganancias contra las facturas que las mexicanas pagamos en esta sociedad de la gran era digital, de las redes, de la inteligencia artificial.
Un 8 de marzo más de conmemoración de la lucha digna y justa de las mujeres, por el pasado y por el presente. Sin embargo, este de 2026 es para reflexionar, porque justo en el primer cuarto del siglo XXI, la lucha de las mujeres se centra en el derecho básico y primario que una sociedad democrática debería garantizar: la seguridad y el libre tránsito. Por eso es necesario y urgente detenerse a repensar las ganancias contra las facturas que las mexicanas pagamos en esta sociedad de la gran era digital, de las redes, de la inteligencia artificial.
Caminar, marchar, gritar y cantar consignas este 8 de marzo ya no sólo fue rememorar y tributar a las mujeres guerreras de Nueva York, sino expresar una justa demanda de seguridad básica de vida, porque hoy también muchas mexicanas están siendo desaparecidas y asesinadas (real y simbólicamente). Así que no, no es moda marchar y manifestarse, como dijo la gobernadora de Campeche. Para mí, para muchas, no es grato mirar cómo muchos beneficios se han revirado contra las nuevas generaciones de mujeres que deberían hoy tener garantías para crecer, para desarrollarse, para prepararse e incorporarse plena y dignamente en todos los ámbitos de la vida social. Pero no, aquí están cientos, miles de mujeres, de todas edades, queriendo «Sanar en voz alta, (porque) evita que otras mueran en silencio».
Yo soy de la generación de la década de los ochenta, la generación que vivió y disfrutó los logros del feminismo de los sesenta-setenta. Pude estudiar y expresar mi opinión crítica sobre el lugar que veía que nos dejaban a las mujeres en aula, tuve la posibilidad de escribir en medios feministas sobre este tema que me tocaba y apasionaba, pude soñar que podía especializarme en el tema de las mujeres para seguir en el periodismo y me tocó la gloriosa dicha de que el Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer, de El Colegio de México, abriera una Especialidad en Estudios de las Mujeres y pude ingresar y ser parte de su primera generación. Al concluir pude ingresar a la docencia, luego seguir mi formación en la maestría y el doctorado en la UNAM con temas relativos al periodismo de mujeres. Estuve tantos años formándome y formando a estudiantado de Comunicación, que lo que en los noventa inició como un fenómeno del norte de México, los feminicidios de Ciudad Juárez, pronto tiñó al país todo de violencia e inseguridad para las mujeres. Así, sin más, la violencia como fenómeno lento, pero seguro, avanzó, nos sobrepasa y por eso hoy mis estudiantes marchan y gritan «Harta de avisar que llegué viva».
De a poco, y muy pronto, nuestros derechos básicos sobre seguridad, integridad, reconocimiento de ciudadanas, a transitar de forma libre y segura por los espacios públicos, se diluyeron y empezamos a vivir con todo tipo de violencias, dentro y fuera de los ámbitos en los que nos movemos: la familia, la escuela, la calle, el trabajo, las universidades. Por eso «La urgencia ‘femenina’ de querernos vivas», manifiestan las mujeres en pancartas y a viva voz en el recorrido desde diversos puntos en las principales avenidas de las ciudades del país.
De a poco, y muy pronto, nuestros derechos básicos sobre seguridad, integridad… se diluyeron y empezamos a vivir con todo tipo de violencias
Así miro con tristeza, pero también con admiración, a la nueva generación del feminismo de las mujeres de la cuarta ola, que se distingue por la movilización, por la acción y el cuestionamiento a las ganancias del mero discurso pro derechos de las mujeres y de políticas públicas que no alcanzan y no abarcan todas las problemáticas, pero concretamente la de la violencia. No ha bastado la creación de un marco jurídico ad hoc a los derechos de las mujeres, ni la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), es suficiente para atender, contener, erradicar las violencias. Las cifras oficiales lo confirman: la violencia contra las mujeres en cifras es crítica con más de 11 mil víctimas registradas mensualmente, de acuerdo con INEGI, 2025[1]; el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, en mayo del año pasado, reportó 131 mil 654 personas desaparecidas, un incremento de 12 por ciento respecto de 2024; de las cuales el 25 por ciento aproximadamente son mujeres. En Tabasco los casos aumentaron 87 por ciento, y del número total la mitad son mujeres, entre los 15 y 19 años. (Comisión Nacional de Búsqueda, SG.[2] e Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia A.C., 2025 [3])
Por ello esta “cuarta ola” de mujeres que luchan dice y dice bien ante este panorama: Gritamos ahora para no callar para siempre.
La confluencia multitudinaria, autogestiva, intergeneracional, multicultural y hasta festiva, entristece, porque paradójicamente esta conciencia masiva de las mujeres tiene relación directa con la cruenta realidad de sus experiencias y realidad: “…el 73.4 por ciento de las niñas, niños y adolescentes víctimas de trata de personas durante 2025 eran niñas y mujeres adolescentes (SESNSP, 2026).
“…más mujeres que hombres de entre 1 y 17 años han sido atendidas en hospitales por violencia sexual y familiar (Salud, 2025), mientras más mujeres que hombres de 0 a 17 años han sido víctimas de trata de personas en México (SESNSP, 2026)” (Blog de datos e incidencia política de REDIM-Derechos de infancia y adolescencia en México [4]).
La marcha, los carteles y las consignas no son ocurrencia de mujeres sin qué hacer, en este país la desaparición de personas, especialmente mujeres y niñas, es alarmante y es lo que lleva a consignas que dan cuenta de lo que toca vivir en este siglo XXI, que se identifica como “Tiempo de mujeres”, pero también en el sentido oscuro. De aquí «La rabia (que) también es memoria, se lo debo a esa niña de 8 años que no pudo gritar»; por esto denuncian y exigen en su andar: «No queremos permiso, queremos espacio», «Ni calladitas ni bonitas Nunca más»; «Nacimos guerreras».
No hay más qué decir, la lucha continua en un mundo que revira logros, reconocimiento y derechos de la mitad de la humanidad, de más de la mitad de las mexicanas: «Respeta mi existencia o espera resistencia».
Fuentes
[2]https://versionpublicarnpdno.segob.gob.mx/Dashboard/ContextoGeneral
[3]https://www.imdhd.org/comunicacion/blog/la-desaparicion-de-personas-en-2025/

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